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EL SIGNO DEL TIEMPO

  • Foto del escritor: estradasilvaj
    estradasilvaj
  • 17 mar 2023
  • 3 Min. de lectura

He tenido a la vista imágenes de sucesos consternadores ocurridos en varias ciudades en el mundo, incluyendo en la que vivo; he leído diversos análisis de tales sucesos; he escuchado opiniones y críticas... He leído pasajes de la Sagradas Escrituras para comprender el significado de tales signos.

Los días de la Semana Santa se acercan muy rápidamente y nuestras vidas transcurren como el viento de un verano intensamente soleado y cargado de angustias.

El mensaje de Dios es claro: "Misericordia quiero y no sacrificio..." (Oseas, 6:6, Mateo 9:13)

El corazón humano es mucho más que un centro operativo de ambiciones y emociones, de filtros e impulsos racionales o irracionales. Es sobre todo, el centro de la misericordia.

La Misericordia es la actitud más profunda de la humanidad creada a imagen de Dios; es el rostro que se descubre y abriga al caído, al que ha sido golpeado, enajenado y esclavizado.

Quien no ha sentido el dolor y la pena, el hambre y el frío, la angustia y la persecución, el vacío y la nada.. no sabe qué es la misericordia.

Aún en ese letargo e indiferencia, su corazón permanece siempre abierto a la voz del ignorado y despreciado. Porque nadie es tan malo para ignorar el sufrimiento, a menos que desee permanecer en la obscuridad o aborresca la luz.

"Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas". (Juan 3:19)

La luz vino al mundo y prefirieron vivir en las tinieblas, porque sus obras eran malas, nos dice el Apóstol.

Abandonar las obras malas es dar un giro de 90, 180 o 360 grados a nuestra vida. Es eso posible. Creo que sí lo es.

San Pablo nos dice: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". (Filipenses 4:13)

La capacidad del hombre de revertir su vida es real, es alcanzable en Cristo. Qué significa esto? Pues bien, quiero mencionarles tres caminos para lograr esta conversión.

1. El conocimiento pleno de Jesucristo. Este conocimiento inicia con el anuncio que recibimos de su Palabra, la que hacemos propia y nuestros pasos se encaminan a su cumplimento. En los Evangelios y Epístolas de los Apóstoles encontramos sobradas maneras. La vivencia de los Sacramentos y la práctica de una fe viva, no mental ni bocal, sino enraizada enriquecen ese conocimiento del Dios vivo.

2. La oración como un camino de perseverancia y crecimiento como cristiano. Hay quienes practican el ayuno, pero éste no tiene sentido para aquél que no comprende que un sacrificio es tan sólo una expresión de una señal de arrepentimiento. El arrepentimiento es apenas quizás, el primer paso. No basta arrepentirse de esas malas acciones, sino de obrar bien de continuo. Es abrazar el perdón, la reparación de los daños infligidos a los otros.

3. Obrar misericordiosamente. Es decir, actuar de buena fe y demostrar con hechos fehacientes que soy un converso. Un aliado de Jesucristo, un señuelo del bien y del amor sin plagas. No es fácil este camino, porque es muy exigente. No hay lugar a ambigüedades, conformismos e indiferencia; ni ha cobardías ni corrupciones.

No despreciemos el sendero de la luz, porque es el mismo Cristo que nos conduce hacia el Padre. Él nos da la fortaleza, es en Él que hallamos las armas necesarias para combatir el mal y vencerlo.

San Pablo nos habla de una batalla espiritual y aconseja (Efesios 6:10-24): “La justicia y la verdad” como cinturón (Isaías 11, 5) “La rectitud” como una “coraza” (59, 17); “Noticias de paz” para calzar los pies. “Casco de la salvación” para cubrirse la cabeza.

“Y finalmente, “la espada del Espíritu", que es la Palabra de Dios. "Sea la luz" (Génesis 1:3) y brille por siempre en cada uno de nuestros corazones. Por siempre!


 
 
 

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